Chrysler Voyager vs Toyota Picnic: cuál comprar de segunda mano
Comparativa editorial de ocasión: evolución de nota, versión recomendada, pros, contras y averías frecuentes.
Ficha frente a ficha
| Criterio | Chrysler Voyager | Toyota Picnic |
|---|---|---|
| Nota hoy (sobre 10) | 5,5 / 10 | 5,4 / 10 |
| Nota cuando salió | 7,4 / 10 | 6,8 / 10 |
| Envejecimiento | -1,9 puntos | -1,4 puntos |
| Años de producción | 2008–2011 | 1996–2001 |
| Segmento | Monovolumen | Monovolumen |
| Etiqueta DGT | C | B / Sin etiqueta |
| Precio usado orientativo | 3.500–8.000 € | 1.500–4.500 € |
| Motores disponibles | 2.8 CRD, 3.6 V6 | 2.0, 2.2 D-4D |
| Qué versión comprar | Busca el 2.8 CRD con la automática 62TE y historial de aceite de la caja; si patina, da tirones o huele a quemado, déjalo. En el diésel mira humo en frío, turbo, inyectores y correa con facturas, y prueba elevalunas, luces y cierre. Descarta flotas y familias numerosas sin libro; el 3.6 Pentastar de 2011 solo encaja si aceptas su consumo. | Antes de comprar uno, pide la factura de la correa del 2.0 de gasolina: sin papeles, la distribución es una incógnita cara. El diésel de esta generación es un 2.2 turbo de la vieja escuela, no un D-4D de inyección directa por conducto común, aunque el anuncio lo etiquete así: mira los humos y escucha el soplido del turbo. Con más de 25 años a cuestas, revisa suelos y silentblocks. |
Chrysler Voyager →
Es el monovolumen americano de siete plazas de la generación RT: el Grand Voyager añade el Stow'n Go para hundir asientos en el suelo sin desmontarlos. El 2.8 CRD es un VM Motori de los usados en furgoneta y suele ir con la automática 62TE; el 3.6 Pentastar aparece en 2011 y gasta más. No es un Sharan con otro morro: no comparten plataforma, caja ni recambio.
Pros del Voyager
- El Stow'n Go y las siete plazas resuelven el día a día familiar sin pelear con los asientos.
- El 2.8 CRD es un VM Motori muy conocido en diésel de furgoneta y mantiene recambio de esa casa.
- El maletero es de monovolumen grande y traga sillas, maletas y la compra semanal.
- En autopista va estable y silencioso, más que muchos monovolúmenes europeos de su época.
- El 3.6 Pentastar es más limpio que el CRD para quien acepta pagar más en gasolina.
Contras del Voyager
- El consumo es alto, sobre todo en el V6 Pentastar, y se nota en cada depósito.
- La electricidad Chrysler falla a ratos y el recambio no se encuentra como el de un Volkswagen corriente.
- No comparte plataforma con el Sharan de esos años, así que ni piezas ni taller coinciden.
- Muchas unidades vienen de flota o de familia numerosa y arrastran un uso duro que no siempre se declara.
Problemas a vigilar
- La automática 62TE necesita aceite a su intervalo; si se ignora, los embragues patinan y la caja da tirones.
- El 2.8 CRD acaba necesitando turbo, inyectores y correa con los kilómetros, y el humo en la prueba es el primer aviso.
- Los silentblocks y la suspensión se gastan con la edad y golpean al pasar un badén.
- Los elevalunas y la centralita fallan con los años y dejan puertas o luces a medias.
Cómo ha envejecido
Ha caído casi dos puntos porque envejecer fuera de una red europea le pasa factura: recambio más difícil y una electricidad caprichosa. Un 2.8 CRD con la automática suave todavía mueve a una familia; una caja que patina o una centralita loca convierte su compra en un pozo.
Toyota Picnic →
Es el Ipsum que Toyota vendió en Europa, un monovolumen compacto de siete plazas pensado para quien no necesitaba un Previa, que es bastante más grande. El gasolina es un 2.0 de correa de sobra conocido en la casa; el diésel, un 2.2 turbo anterior a los common-rail, por mucho que el anuncio hable de D-4D. Su segmento, el de los monovolúmenes compactos de los 90, ha desaparecido.
Pros del Picnic
- El 2.0 de gasolina es una mecánica sencilla y muy conocida en los talleres.
- Ofrece siete plazas en un formato más contenido que el Previa.
- El anuncio de entrada sale por mil y poco euros.
- Pesa menos que un Previa y se mueve con menos esfuerzo.
- El recambio del motor de gasolina es abundante porque el bloque se usó en más Toyota.
Contras del Picnic
- Casi todas las unidades superan ya los 25 años.
- Cuesta encontrar comprador cuando toque venderlo.
- La estructura y los airbags son los de un monovolumen de 1996.
- El diésel es un turbo de aquella época, sin inyección por conducto común ni la finura de un D-4D moderno.
Problemas a vigilar
- La correa del 2.0 de gasolina hay que cambiarla a intervalo; si se rompe, se lleva el motor por delante.
- El 2.2 diésel falla por turbo e inyectores conforme cumple años.
- Los silentblocks traseros empiezan a crujir con la edad.
Cómo ha envejecido
Ha bajado nota porque es un monovolumen de los noventa y su segmento ya no existe: no hay sucesor ni referentes con los que compararlo. Un 2.0 de gasolina de particular, con la correa en regla, todavía cubre siete plazas por poco dinero; un diésel que humea o una unidad sin papeles de mantenimiento no compensan ni el anuncio más barato.

