Renault Safrane
1992–2000 · Berlina
Motores: 2.0/2.5 gasolina, 2.1/2.2 diesel, Biturbo
Precio usado orientativo: 1.500–6.500 €
Este coche ha bajado enteros con los años.
Busca el 2.2 diésel con cambio manual, que es el motor pensado para viajar, y comprueba que arranca en frío y que el turbo no echa humo. El Biturbo 3.0 V6 ya es compra de coleccionista: ahí manda mirar los turbos, la electricidad y el óxido antes que nada. Algunas unidades montan Quadra, la tracción total de la época. Antes de comprar una, prueba cuadro de instrumentos, cierre centralizado y climatizador: todo tiene más de veinticinco años.
Fue la berlina grande de Renault en los 90 y la última de tres volúmenes de la marca antes de que el Vel Satis rompiera el molde. Se vendió con gasolina y diésel, con el V6 Biturbo como versión exótica y con tracción total Quadra en algunas unidades. Quedan pocas en circulación y el recambio ya se busca en el desguace, no en el concesionario.
Pros
- El espacio y el confort son los de una berlina grande de su época.
- El 2.2 diésel cubre el viaje largo si está cuidado y el turbo sopla seco.
- El precio es bajo para el tamaño del habitáculo que se compra.
- La suspensión está pensada para el viaje largo, no para el paso por curva.
- El Biturbo es una pieza de coleccionista que ya cotiza entre aficionados.
Contras
- La electricidad y el cuadro tienen más de veinticinco años y fallan sin aviso.
- El parque es reducido y el recambio sale del desguace o del especialista.
- La reventa es nula salvo en el Biturbo, que pide un dueño de coleccionista.
Problemas habituales a vigilar
- El cuadro de instrumentos, la centralita y los sensores se quedan mudos o lanzan testigos fantasmas.
- El 2.2 diésel falla de inyección, turbo y embrague cuando suben los kilómetros.
- En el Biturbo hay que revisar los turbos y buscar óxido, dos averías que encarecen mucho la restauración.
- El cierre centralizado y el climatizador acusan la edad y conviene probarlos antes de cerrar precio.
Cómo ha envejecido
Ha caído más de tres puntos porque quedan pocos enteros, la electricidad de los 90 ya no perdona y el recambio se ha vuelto de nicho. Un 2.2 diésel de particular con el turbo seco todavía es una berlina grande barata; un Biturbo oxidado o una unidad con el cuadro muerto no merecen ni el viaje a verlos.