Mazda 626 GF
1997–2002 · Berlina
Motores: 1.8/2.0, 2.0 Turbodiesel
Precio usado orientativo: 1.000–3.500 €
Este coche ha bajado enteros con los años.
Busca el 2.0 de gasolina con cambio manual: es la mecánica más sencilla de la gama y la que menos taller da. Si te tienta el 2.0 Turbodiesel, escúchalo en frío antes de comprar uno; un turbo cansado o unos inyectores al final de su vida convierten el precio mínimo en una factura. En cualquiera de los dos, pregunta cuándo se cambió la distribución y pide papeles que lo demuestren.
Berlina japonesa de carretera pensada para hacer kilómetros en silencio, que era su argumento comercial cuando salió. El 2.0 de gasolina es un motor sencillo y conocido por cualquier taller; el 2.0 Turbodiesel cubre al que viaja mucho, pero pide más atención con los años. Hoy casi todas las unidades superan los veinticinco años y la oferta es escasa.
Pros
- Los motores de gasolina son fiables y el recambio sale barato.
- El chasis es estable y confortable en autopista de verdad.
- El precio de ocasión es mínimo para una berlina de este tamaño.
- Cualquier taller generalista la conoce y no necesita recambio de marca.
- El espacio interior era correcto para la época y todavía se nota.
Contras
- Casi todas las unidades superan ya los veinticinco años.
- El valor residual es casi nulo y la reventa se alarga.
- Los acabados interiores están muy envejecidos al tacto.
- La seguridad y el equipamiento pertenecen a otra década.
- Hay poca oferta en el mercado y las unidades que quedan llegan justas.
Problemas habituales a vigilar
- El 2.0 Turbodiesel cansa el turbo y los inyectores cuando el coche acumula años, y el arranque en frío lo delata.
- El embrague y la caja de cambios piden atención en unidades de muchos kilómetros.
- La suspensión delantera llega con los silentblocks gastados y se nota en holguras y ruidos sobre baches.
Cómo ha envejecido
Ha tocado suelo porque casi nadie la busca y las unidades superan los veinticinco años. El 2.0 de gasolina con la correa al día todavía viaja sin sustos; el diésel con turbo e inyectores pendientes convierte el precio mínimo en una factura de taller.