Citroën C1 I
2005–2014 · Urbano
Motores: 1.0 VVT-i, 1.4 HDi
Precio usado orientativo: 2.000–4.500 €
Este coche ha bajado enteros con los años.
Quédate con el 1.0 de gasolina y cambio manual: es el conjunto más sencillo, gasta poco y la cadena te quita la correa de distribución de encima. Antes de comprar uno, prueba el embrague en un semáforo en cuesta y mira que no quede ningún testigo encendido, porque la centralita eléctrica da fallos a ratos. Si patina al acelerar o huele a quemado, descuenta el kit del precio.
Sale de la misma línea de montaje que el Toyota Aygo y el Peugeot 107, con los que comparte motor, recambio y casi todo lo demás. El 1.0 de gasolina es la opción lógica en ciudad; el 1.4 diésel solo compensa si haces muchos kilómetros al año. Las plazas traseras y el maletero son de citycar puro: dos adultos y poco más.
Pros
- Monta mecánica de origen Toyota compartida con el Aygo y el 107, así que el recambio aparece en cualquier taller.
- El 1.0 de gasolina va por cadena de distribución y no tiene correa que cambiar por tiempo.
- Gasta y asegura muy poco, lo que lo hace barato de mantener a diario.
- Mide lo justo para aparcar en huecos donde un utilitario mayor ya no entra.
- El mantenimiento es sencillo y cualquier taller que vea un Aygo lo conoce de memoria.
Contras
- Los acabados y el aislamiento son de lo más básico del segmento y se notan en cuanto sales de ciudad.
- El maletero y el habitáculo se quedan justos para más de dos adultos.
- La reventa flojea salvo a un precio muy bajo, porque el mercado está lleno de unidades iguales.
Problemas habituales a vigilar
- La centralita eléctrica (BSI) y el cuadro dan fallos a ratos en algunas unidades, con testigos que se encienden y se apagan solos.
- El embrague sufre con la conducción urbana intensa y empieza a patinar; notarlo en la prueba es la señal de que toca kit.
Cómo ha envejecido
Ha perdido seis décimas porque el aislamiento y el espacio ya no perdonan, aunque la mecánica de origen Toyota aguanta bien los años. Un 1.0 manual con el embrague en orden sigue cubriendo la ciudad sin dramas; un diésel de barrio o una unidad con la centralita caprichosa no merecen el extra del anuncio.